jueves, 15 de marzo de 2012

Miercoles 14 de Febrero - Alegatos de la defensa

Benjamín Sonzini Astudillo y Álvaro Diego Gáname.
Abogados defensores de Pedro Nolasco Bustos
y jorge Vicente Worona
Fuente: El Diario del Juicio.
El primero en pronunciar el alegato en defensa de los imputados Pedro Nolasco Bustos y Jorge Vicente Worona, fue el abogado Benjamín Sonzini Astudillo, proseguido por el abogado Álvaro Diego Gáname. 
Por otra parte, el alegato en defensa de José Filiberto Olivieri estuvo a cargo de su jurista particular, Elías Razuk.
Mientras en la sala de prensa se hablaba sobre la imposibilidad de la defensa de presentar argumentos suficientes y sustentables para exculpar a los imputados, Sonzini hizo presentación del alegato.
“Pedimos justicia, estamos enfrentando la inclemencia de estos tiempos, al borde de una sentencia”, manifestó el abogado. Y continuó: “esperamos que se haga realidad nuestro sueño como hombres de verdad y justicia”. Cuestionó que al haber pasado 36 años del hecho hay que tener cuidado debido a que han sucedido muchas cosas.
“Montaron un castillo en el aire, acá no hay testigos presenciales” pronunció agitando su mano izquierda. Caracterizó a la prueba jurídica como la que absuelve, la que prima, y la que reina en el proceso judicial, señalando de esta manera que “aquí las pruebas no conducen a nada”.
“Vivían en forma clandestina, Ana no tenía documento, tapaban con barro la patente del auto (en referencia al Fiat 128 de Jorge Diez). Eran personas que andaban armadas, en cualquier lugar del país hubieran tenido problemas”, argumentó. Tildó a Ana, Jorge y Carlos como jóvenes idealistas. “Esos idealismos, esas luchas, eran una utopía. Estas personas enfrentaban el orden del estado, ponían bombas… les tocó perder”, prosiguió Sonzini.
Posteriormente, el abogado Diego Gáname continuó con el alegato. Señaló que existen otros intereses detrás de la causa. Lo primero a lo que hizo referencia fue al contexto, que formó parte del alegato de la querella en su intento por dar a conocer detalladamente el plan sistemático de extermino a los “subversivos” impuesto por la dictadura. “No hay un ataque civil, las víctimas no han sido parte de este plan sistemático. Los imputados no pertenecían al plan” dijo, y denominó esto como un “error metodológico”.
Como aspecto central para tener en cuenta, se refirió al conocimiento de la víctima y su ideología. Interrogó a la audiencia: “¿Alcanza para decir que son delitos de lesa humanidad?”. Manifestó tratarse de un hecho casual, fortuito, ocurrido en la vía pública, con ningún elemento compatible al plan sistemático de exterminio.
Luego de señalar discrepancias entre los testimonios y declaraciones de familiares y conocidos de Ana, Jorge y Carlos, solicitó la absolución de la pena a los imputados, por el delito a homicidio y la inaplicabilidad del agravante.
“Cuando transcurre el tiempo quedan elementos, pruebas que no se pueden recoger”, recitó Elías Razuk, en defensa del imputado José Filiberto Olivieri.
Destacó en su alegato que Olivieri no tuvo ninguna participación en el hecho que sea penalmente reprochable. “Se trata de un delito común, no de lesa humanidad. Fue una persecución pública, no hay indicios de torturas”, dijo.
Se refirió a las pruebas testimoniales etiquetando a los testigos como indirectos, imprecisos y contradictorios. Además, hizo hincapié en la necesidad de valorar la documentación histórica: el registro del Comando y el memorándum de la Policía.
En defensa del imputado expresó: “Si Olivieri renunciaba al operativo lo mataban, no tenía otra alternativa. ¿Qué posibilidades tenía de decir yo renuncio, esto esta en contra de mis principios?”. Prosiguió, “parece que tiene la misma responsabilidad el que recibió la orden de matar, que Videla, Menéndez, Viola, que fueron quienes elaboraron este plan terrorífico”.
Afirmó que su defendido debía ser absuelto, debido a que le cabe un hecho común y no un delito de lesa humanidad, al tratarse de una actuación pública, “un operativo mas”, señaló.

Después del pronunciamiento de la defensa, el abogado de la querella Carlos Orosz, evocó dos características propias de los delitos de lesa humanidad, los cuales deben tener un límite mínimo básico: Generalidad (número importante de víctimas) y Sistematicidad (aunque en el hecho sea una sola víctima, debe encajarse en las esferas de un plan sistemático). Recordó a la audiencia que el escritor Rodolfo Walsh, luego de repartir “la gloriosa Carta a la Junta Militar” señaló, fue asesinado solo en la calle. Explicó que no por esto se debe enmarcar fuera de un plan sistemático, aludiendo a la megacausa ESMA por la que entre otros crímenes se juzgó el asesinato de Walsh. 

miércoles, 14 de marzo de 2012

Con la convicción de seguir adelante

Por Nicolás Bustos
Cronica del dia Miércoles 22 de Febrero - Quinto día de audiencia.

El garage de tribunales en nada se parece a un cine de Córdoba, y ni hablar de las comodidades del Libertador, pero son suficientes las 40” del tele y las sillitas de plástico para que algunos interesados se acomoden a ver el juicio público.
Es miércoles. Un 22 de febrero comienza la quinta audiencia. Ansiada audiencia, porque se promete, quizás, el testimonio más importante del juicio. “Hoy declara la hermana de Ana”, le comenta un viejo a una señora mientras se acomodaba en una silla verde.
La sala estaba llena. Y ese día declaraban tres testigos: María Esther, la prima de Ana; Ángel, el primo de Jorge: y la hermana de Ana, María Cristina. Hay silencio, y es porque la gente está atenta, se siente parte, como si estuvieran ahí mismo, dentro de la sala de Tribunales que tampoco es muy espaciosa. La única diferencia es que ellos no están ahí en ese pequeño garage, ni al lado tuyo, ni de frente (como los tiene Tito, hermano de Anita); o a tu izquierda mirándote, respirándote, intimidándote sólo a unos pasos de distancia, tal como le pasa a María.
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María Esther es ama de casa, una madre de familia que no habla muy fuerte, pero que tiene algo para decir, algo importante. Pasaron 36 años, pero todavía recuerda cuando vio el cuerpo de Ana. Y este dato es clave para deducir si lo que pasó fue un enfrentamiento como dicen los “canas”.
“La mamá de Ana llamó por teléfono a casa y nos dijo que no encontraban a Anita por ningún lado, no había vuelto desde la mañana”-contó la testigo. Así que de inmediato, ella y sus padres se vinieron para Córdoba para enterarse de lo peor.
“Nosotros le habíamos dado una ropa para vestirla y mi padre la trajo de vuelta porque el cuerpo no se podía vestir”-declara la mujer sembrando silencio en la sala.
Esther sólo había visto el pecho y el rostro de su prima a través de un vidrio en el velorio.

“Usted vio la cara, ¿Qué recuerda señora?” pregunta un juez.
“Estaba toda quemada como con cigarrillo. Entonces, ¿cómo había sido un enfrentamiento?” -ésa era la pregunta que se hacía Esther después de ver a su prima. Y ésa era la versión “oficial”. “Lo que decían los diarios” –mencionaba, mostrándose algo ingenua.

Era el momento de la defensa de interrogar. Una encrucijada de preguntas elaboradas por los abogados acosaba a Esther, rebuscando detalles y tratando de develar alguna contradicción. Pero no había por dónde darle. A pesar del acento inseguro de Esther, ninguno de los defensores pudo refutar.

II
El siguiente en atestiguar era el primo de Jorge: Ángel. Un señor canoso de origen español vestido de camisa negra. El hombre oriundo de León fue quien reconoció el cuerpo de Jorge por expreso pedido de su tío.
“Cuando vi todo eso me descompuse” -expresó el testigo refiriéndose al momento en que entró a la morgue y vio que en la mesa se encontraban apilados alrededor de ocho cuerpos humanos.
Mientras recuperaba el aliento afuera de sala, un muchacho del servicio fúnebre que lo había acompañado le aclaró al empleado de la morgue que el cuerpo que buscaban provenía del “enfrentamiento” en el Chateau Carreras.
Los recuerdos de Ángel eran confusos y se contradecían constantemente a medida que el interrogatorio transcurría. El aspecto de los cuerpos era lo trascendental para el juicio, pero el testigo recordaba vagamente y contradecía sus declaraciones con respecto a otras hechas en el 2010.
Lo que el testigo subrayó en su testimonio fue el desinterés de la familia Diez por lo sucedido. Y se hizo más evidente aún que Ángel era otro afectado más de la indiferencia de la época, del olvido, del “yo no sé nada”, del “no te metas”.

III
Ni los miró. Con las manos nerviosas apretaba un pañuelo con fuerza. Así entró María a la sala. Sólo cuando el juez le pidió, miró a los asesinos de su hermana rápidamente, sin reconocer a ninguno. Y durante una hora y media, no los volvió a mirar, ni siquiera a los abogados cuando la interrogaban.
“Que si sigo con esto soy boleta, que sabían dónde estaban mis hijos” -contó María con la voz entrecortada. Se refería a la amenaza: un mensaje de texto recibido la tarde del 14 de febrero, el día en que el juicio comenzó. Con más fortaleza que miedo, dejó bien en claro que a pesar de la amenaza, ella tenía la convicción de seguir adelante. Su reclamo por justicia no hacía más que fortalecerse con esa intimidación.
“Espere más de 35 años para hablar, hubo mucho silencio en la familia y en la sociedad. Hay cosas que voy a contar por primera vez. Y esta vez no me voy a callar”-sentenció la hermana de Ana.
Por razones de seguridad un día después de la muerte de Ana, María que también era militante universitaria se esconde en el campo de sus suegros en Etruria, provincia de Córdoba, junto a su novio y actual esposo. Y 20 días después, vuelve sólo para casarse. “Habíamos hablado con Ana que nos íbamos a casar ese año, lo estuvimos charlando los 4 para ver quién se iba a casar primero. Creo que ellos se iban a casar el 25 de junio”-recordó.
Nunca imaginó que su grito de justicia iba a llegar tan lejos. Nunca imaginó que el juicio por el asesinato de su hermana se iba a concretar. Conmovida, recuerda los juicios anteriores donde Menéndez fue juzgado y condenado. Y reconoce que fueron muchas cosas las que ayudaron a que esto suceda, como la lucha de los organismos de derechos humanos y la política de estado del ex presidente Néstor Kirchner y de la actual presidenta de la Nación.

Cuando Oroz indaga acerca de la militancia que compartía con Ana y Jorge, ella cuenta: “ellos estaban en la Juventud Universitaria Peronista, y como J.U.P. se presentaban con su lista para las elecciones de centro de estudiantes. Hablábamos de los apuntes, de los deportes para los estudiantes y del boleto estudiantil”.

Una hora y media había transcurrido del relato de María. En el garage, había 5 personas más o menos, cuyas edades rondaban entre los 40 o 50 años. Y mientras la hermana de “Kela” -como la apodaban a Ana- estaba precisando detalles sobre cómo era Anita. Una chica elegante para vestirse y que por el tipo de ropa que usaba, su rutina como estudiante y su trabajo, era prácticamente imposible que usara o pudiera ocultar armas. En ese instante, a través de la pantalla del tele se vio cómo Nolasco Bustos, uno de los acusados, levantada disimuladamente sobre su pecho una revista. Casi imposible era intentar leer desde la pantalla. Había que acercarse un poco para intentar leer. “¡Evita montonera dice!, míralo al hijo de puta” -exclamó una de las señoras que estaba sentada. Y empezaron a murmurar. No le importaba que su hijo este ahí en la sala acompañándolo, tenía que hacer la canallada, tenía que provocar. Todas las miradas se habían puesto sobre él, menos una, la de María.
“Para mí es un privilegio que la causa de mi hermana haya llegado acá, porque en cada causa de los 30.000 están todos, para mí héroes, inmortales- finalizó María Cristina Villanueva.

martes, 13 de marzo de 2012

12 de Marzo - Día de alegatos

Alegatos de la Fiscalia

Dr. Carlos Gonela.
Representante del Ministerio Público Fiscal.
Fuente: Diario del Juicio
El alegato sobre la causa por parte de la fiscalía fue pronunciado en palabras del Dr Carlos Gonella, representante del ministerio Público Fiscal, quien ya ofició en causas anteriores por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.
Aclaró que el mismo alegato estaría atravesado por una idea central: el concepto de memoria y sus diferentes acepciones. “¿La memoria es útil sobre el proceso penal?”, interrogó como dirigiéndose a todos los presentes en la audiencia.
Habló sobre el hecho que juzga la causa, y señaló que el mismo se encuentra acreditado con el grado de certeza necesaria. Además añadió: “quizás el caso es sencillo, pero esta inserto en una lógica compleja que es el terrorismo de estado”.
En el desarrollo de su argumento apeló a la memoria en el sentido biológico del término, como una capacidad humana, pero también habló de la memoria como una construcción simbólica. “Memoria colectiva de lo que fue nuestro pasado reciente. Memoria para evocar experiencias pasadas, como un proceso de elaboración activa”. Indicó cómo esta generó políticas para su tratamiento, una de ellas el documento de la CONADEP.
En lo particular del hecho, el cual claramente fue vuelto al presente a través de la memoria luego de casi 36 años, señaló que las versiones aparecieron por diferentes vías pero igualmente llegaron con gran certeza.
Al igual que el abogado de la querella, Carlos Orozs, el fiscal Gonella habló sobre la coincidencia de un mismo hecho que se entretejió entre los testimonios tanto de familiares como de personas cercanas a Ana, Jorge y Carlos.
Señaló al contexto histórico como acreditador de la persecución estudiantil, el rol irresponsable de medios de comunicación que encubrían ciertamente las operaciones antisubversivas, y la licencia junto con la felicitación que recibieron los imputados de la causa luego de llevar a cabo el operativo de aquel 2 de junio.
“Me quedo con las palabras de Tito”, dijo, “si algo tienen estos juicios es un efecto reparador”.
Finalmente, el fiscal solicitó para Bustos, Worona y Olivieri la atribución de los mismos delitos llevados a cabo en las mismas circunstancias, por lo tanto una pena perpetua hacia los tres imputados.
Antes de cerrar el alegato, Gonella volvió una vez mas al concepto de memoria: “¿Sirve la memoria de Tito? ¿Sirve la memoria fragmentada de María Cristina Villanueva (hermana de Ana, testigo)? Si, sirve”.
 

12 de marzo, día de alegatos.

Abogados Querellantes Causa Roselli:
 Dr Claudio Orosz, abogado especializado en DDHH
 Dra. María Lopez, militante de H.I.J.O.S.
 Fuente El Diario Del Juicio.


Alegatos de la Querella.
Los abogados de la querella, Dra María López y Dr Carlos Orozs, dieron a conocer su alegato en la audiencia del día lunes 12 de marzo luego de su evaluación de la causa.
La Dra María López comenzó la exposición de su argumento detallando el contexto histórico del hecho. En este marco se refirió al Golpe de Estado que se dispuso en el poder del gobierno argentino el 24 de marzo de 1976, y se conoció oficialmente el día 29 del mismo mes.
Analizó el terrorismo de Estado como una “lucha operativa contra la subversión, instaurado por el Proceso de Reorganización Nacional”.
López explicó que no solo las sentencias de tribunales de otros juicios realizados por delitos de lesa humanidad, sino que cada testimonio y hecho fueron mostrando el plan sistemático de extermino al enemigo subversivo.
Se refirió a la Argentina como un país dividido por la Junta Militar en cinco zonas de defensa, repartidas al mismo tiempo en sub zonas y áreas de seguridad. Indicó cómo en la jerarquización de roles referidos al plan sistemático y organizado de exterminio, el Comando Radioeléctrico formaba parte de la estructura policial que también se encargaba de llevar a cabo este tipo de operaciones.
Además, destacó que la participación de dicho Comando “quedó demostrada en otros asesinatos cometidos”, y que las víctimas de esta causa, Ana, Jorge y Carlos, ya eran calificados como blancos de las organizaciones enemigas porque anteriormente habían sido presa de detenciones policiales.
Por otra parte, el Dr Carlos Orozs argumentó sobre el entretejido de testimonios recogidos en esta causa, los cuales todos fueron dando a luz un mismo camino. Haciendo referencia primero a Ana María Villanueva, alegó que todos los testimonios dieron pruebas de que su participación en la JUP, la cual señaló como una actividad pública.
Orozs habló sobre las copias certificadas por el Archivo Provincial de la Memoria, donde consta el registro de extremistas de la provincia de Córdoba. Explicó que allí se encuentran las pruebas de las detenciones anteriores de Ana, Jorge y Carlos por parte del Comando Radioeléctrico, esto es, sus datos y el número de negativos de fotos. Señaló al tribunal: -“Ustedes jueces, que no son jóvenes, saben que si alguien portaba armas después no salía en libertad”.
Finalmente, se refirió al comunicado del vespertino Córdoba emitido ese mismo 2 de Junio, al memorándum de la Policía general registrado el día siguiente, y al expediente del Comando Radioeléctrico, para señalar discrepancias y versiones alternas sobre la operación que desató en el hecho que se juzga, las cuales tildó como incoherentes.
“Todos los imputados deben responder por dominio funcional del hecho” afirmó. Para ultimar su alegato, expresó que “todos los ciudadanos son iguales” y prosiguió con el pedido de cárcel común, inhabilitación y cárcel perpetua a los imputados Worona, Bustos y Olivieri.
“Quiero hacer un homenaje expreso a todos los familiares, las abuelas, madres, que lucharon por la verdad, la justicia, y la memoria”, concluyó.
 

Reconstruyendo la historia

Carmen Graciela Oliva
Hermana de Carlos Delfín Oliva.
Conocía a Ana y Jorge de la JUP, ella también era militante.
En su testimonio, Carmen declara que el día 2 de Junio de 1976 recibe la visita de Héctor Ernesto Hunziker. Conocido como “el conejo”, el es el cuarto estudiante que acompaña esa mañana a Ana, Jorge y Carlos.  
La testigo cuenta que en la conversación que mantienen, Hunziker le cuenta sobre el encuentro ese día con sus otros compañeros. Le explica que estaban conversando los cuatro en el barrio Villa Cabrera y que Jorge había visto pasar un integrante del D2 (Departamento de Informaciones de la provincia de Córdoba) al cual supo reconocer debido a que en otra ocasión había sido detenido, afirma. Declara, además, que “el conejo” le explica como Ana, Jorge y Carlos suben al Fiat 128 de Jorge, y la sucesión de los hechos. El se dirige a la parada de colectivos, y ve un patrullero que no deja circular el auto de los jóvenes, explica Carmen. Hunziker le cuenta que a la primera de los tres que agarran es a Ana. “Hunziker estaba shokeado, no sabía qué les había pasado”.  



Ángela Silvia Villanueva
Hermana de Ana María Villanueva.
Frente al tribunal, declara que nunca supo la dirección de la pensión en donde vivía Ana María. Explica que la intención de su hermana era de proteger a su familia. No estaba  completamente al tanto de la vida que llevaba Ana como militante en la universidad. Sabía que tenía participación en el centro de estudiantes, y que militaba en un partido político que Silvia desconocía, explica.
Manifiesta que aproximadamente desde el año 75’ Ana ya no tenía su documento de identidad.

María Cristina Villanueva
Hermana de Ana María Villanueva.
En su declaración, menciona sobre el encuentro, tiempo después, con un periodista alemán a quien le cuenta lo sucedido. “La primera vez en dos años que yo cuento que mataron a mi hermana, que hay muchos mas, que hay desaparecidos. Lo conté para detener esto desde afuera, para contar lo que estaba pasando”, dice María Cristina.
Ella también era militante en la universidad. “Las asambleas eran discusiones de estudiantes que se daban la palabra, y se realizaban para tratar diferentes temas”, afirma. Confiesa que un día se encontraba en la vía pública pintando en una pared contra el golpe de Estado. “Me tuvieron todo un día en averiguación de antecedentes. Estuve un día vendada ahí adentro”.
 

Un encuentro que no fue


Por Agostina Parisí
El testimonio de Elsa Patricia Trigueros, testigo propuesta por la querella, sacó a la luz aquella cita acordada para la mañana del 2 de Junio, a la que Ana, Jorge y Carlos nunca llegaron. Además, constituyó un puente para comprender un poco desde adentro algunas de las actividades que desarrollaban en los años 70’ como miembros de la Juventud Universitaria Peronista.
Patricia conocía a Ana, Carlos y Jorge de la militancia, cuenta. “Todas las organizaciones estudiantiles nos identificábamos bajo la JUP. A Carlos lo conocí en encuentros, porque militaba en medicina. Con Jorge y Ana teníamos una relación muy estrecha”, relata luego de que el fiscal le pide que se explaye en todo lo que conoce.
Militar en los 70
“Todos los estudiantes estábamos inquietos por la vuelta de Perón. Leíamos Marx, Lenin, el Che. Veíamos que para que generar transformaciones el cambio también tenia que darse dentro de la universidad”, atestigua Patricia. Explica que lo que hacían los grupos universitarios era debatir y generar discusiones, mediante asambleas democráticas. Afirma que en el ambiente había un debate sobre si era correcto o no el Golpe de Estado. “Con el pase a la clandestinidad de montoneros, quedamos todos metidos en la misma bolsa, la ciudad se había convertido en una casería”, dice.
Un derecho humano y fundamental que fue proscripto por el gobierno defacto fue el derecho a la libertad de expresión. “Se había perdido la posibilidad de hacer difusión de lo que nosotros pensábamos” expresa Patricia.
Indica que dentro de una organización de militancia estudiantil, participar en el área de prensa significaba hacer volantes manifestando determinados posicionamientos políticos. “Mucha gente de prensa estaba vinculada a Ciencias de la Información, porque era propio de la carrera”, dice. Además explica que esta fue una de las escuelas que se cierran después del golpe, -“ahí estaban los debates mas profundos”.
La cita del 2 de Junio
La testigo declara que el encuentro acordado con Ana, Jorge  y Carlos, tenía como objetivo desenterrar un mimeógrafo del patio de su casa de vacaciones, ubicada en Villa Rivera Indarte. Este aparato, ya prohibido en aquel momento, era necesario para la difusión de volantes.
La cita se había acordado a las 10 de la mañana, explica Patricia. Primero se juntarían entre los estudiantes a comer un asado y luego sacarían de la tierra el mimeógrafo, para el cual se requería mucha fuerza, cuenta la testigo.
Patricia explica que se encontraba bajo la orden de levantar la cita si los jóvenes no aparecían en la casa antes de la una de la tarde. Pasada esa hora, y con una compañera de la facultad, la testigo cuenta que se dirigen al departamento de Jorge. Además de amiga, Patricia era vecina de el; ambos vivían en el mismo edificio sobre la calle Chacabuco.
La testigo explica que una vez que ambas tocan timbre en el departamento de Jorge, escuchan golpes y ruidos de martillo, situación frente a la cual deciden irse.
Aquella misma mañana, cuando Patricia se encuentra en su casa junto a su madre, declara haber visto en la televisión la noticia de la muerte de Ana, Jorge y Carlos. “En ese momento supimos que a los chicos los habían matado de forma inmediata, que habían sido interceptados”.