jueves, 23 de febrero de 2012

Tarda en llegar y al final hay recompensa

Por Agostina Parisí
Es el segundo día de audiencia. El calor nos pega a todos en la pequeñez de la sala, pero la expectativa por escuchar ese testimonio, hace que el aire denso del lugar sea un detalle menor. Se trata del primer testigo en declarar ante el tribunal compuesto por el presidente Dr Carlos Julio Lescano y los vocales Dr José María Pérez Villalobo y Dr José Fabián Asis. Su apodo es “Tito”, Ángel Guillermo Villanueva, único querellante particular.

Momentos después de ingresar a la sala, y luego de realizar el juramento, el Dr Lescano le pregunta si tiene algún interés especial con la causa, a lo que Tito responde: “esclarecimiento de la verdad”. Sus palabras se revisten de tal valentía y coraje que denotan el cariño que siente por su hermana, Ana María Villanueva.
Sentado frente a la justicia, después de largos años de espera, Tito comienza su declaración. A su izquierda, los rostros inmutables de los asesinos. Se genera un clima de tensión cuando Tito medita unos segundos y los mira uno a uno para comprobar que nunca los ha visto. El look deportivo de Worona, cómodamente sentado con una pierna cruzada y la frase “Brake rules” en la remera; la expresión de Bustos que simula consternación luego de haber declarado ser “objeto de una sistemática persecución por organismos de DD.HH y otros sectores”; y el viejo Olivieri, que afirma tener problemas de memoria reciente, pero afortunadamente si recuerda hechos del pasado, no hacen que el flaco Tito se sienta intimidado.

Su relato permite entrever parte de lo que significaba vivir en el país en el año 1976. El Proceso de Reorganización Nacional, modelo de gobierno impuesto por la Junta Militar mediante el golpe de Estado del 24 de marzo de aquel año, significaba el advenimiento del terror, la represión y la intimidación manifiesta en todas sus formas. “Estábamos ante un enemigo implacable”, afirma recientemente Jorge Rafael Videla, primer presidente de la dictadura, en una entrevista para una revista española. La juventud era el blanco más apuntado, y eso se comenzó a instalar en el modo de vida de la sociedad. Este es el contexto para comprender la muerte de Ana, como de tantos miles de jóvenes que fueron ferozmente aniquilados durante aquella época siniestra.

Tito declara que en junio del 76, tenía 16 años y era un estudiante de secundario. Al llegar a su casa el día 2 del mismo mes, se encontró con un escenario diferente. Cuenta que luego de llamar a su madre y que nadie responda, salió del comedor una vecina haciéndole una señal de silencio. La noticia de la muerte de Ana, pero además de su novio Jorge Manuel Diez y compañero de militancia Carlos Delfín Oliva, había llegado por medio de la policía, encubierta como un enfrentamiento en el Chateau.

El último día que vio a su hermana, afirma, fue cuando junto con Jorge lo llevaron a su casa en el Fiat 128 de este último. Tito vivía en Arguello con su madre, padre y el resto de sus hermanas, y Ana vivía en una pensión. En un momento del camino, Ana le pidió a Tito que cierre los ojos y agache la cabeza: “Tenemos controles a las nueve de la mañana y de la noche”, recuerda Tito en palabras de su hermana.

Explica que Ana, de 22 años, militaba en la JUP (Juventud Universitaria Peronista), rama de la Juventud Peronista. Fundada en 1973 y rápidamente expandida por los centros de estudiantes de todo el país, la JUP representaba la lucha de los jóvenes por el proceso de Liberación Nacional. En la casa de los Villanueva, Ana le pedía prestada la habitación a Tito para realizar reuniones con compañeros de militancia. Declara, además, que si veía a algún policía dando vueltas por la zona, debía darle el aviso a su hermana.

“Lo mío es la palabra”, dice que le respondió Ana cuando él le interrogó sobre si usaba armas. Testimonios de Tito en otros momentos fuera de la audiencia, sacan a la luz a una joven abocada en la militancia social y en el interés y compromiso por una mayor igualdad entre las personas. Declara sobre un bolso que ella usaba, y en donde mediante un cierre oculto, cocido adrede, guardaba papeles en un bolsillo. Tito había querido acercarse a lo que hacía su hermana, pero ella le habría dicho que aún era joven.

Recuerda, con la voz entrecortada, la noche del 4 de junio, cuando le dijo a su madre: “Mami te prometo una sola cosa, yo a estos asesinos los voy a encontrar, pasaran diez, veinte, treinta años, soy chico”. Con 51 años, y luego de una implacable lucha por la verdad, la cita que Tito y los asesinos tienen es frente a frente, al fin frente a frente y por justicia. 

Descripción de la Causa

Por Comisión DDHH


1er Juicio al Comando Radioeléctrico


El 2 de Junio de 1976, Ana María Villanueva, su compañero Jorge Diez, Carlos Delfín "Chaco" Oliva y Héctor Ernesto Hunziker, militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), se encontraban en la esquina de las calles Emilio Caraffa y Octavio Pinto, Barrio Urca de nuestra ciudad. Hunziker reconoció a un miembro del tristemente célebre Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba (D2) que pasaba caminando por lo que decidieron separarse ante la posibilidad de estar siendo vigilados.

Mientras Héctor cruzaba la calle hacia la parada de un colectivo, Ana María y “Chaco” subieron junto a Jorge a su Fiat azul. En ese momento, miembros del Comando Radioléctrico de la Policía de Córdoba les cruzaron dos patrulleros impidiéndoles avanzar. Ana María fue bajada del auto, arrastrada violentamente de los cabellos y subida al patrullero junto a Jorge Diez donde fueron brutalmente golpeados. Carlos “Chaco” Oliva logró abrazarse a una columna de alumbrado intentando evitar el secuestro, para obligarlo a soltarse, los agentes le dispararon en la espalda. Herido fue cargado en uno de los patrulleros. Los dos móviles policiales y el Fíat azul, conducido por uno de los policías, emprendieron marcha ante la mirada atónita de los vecinos del barrio.

Los compañeros fueron llevados hasta la zona del Chateau Carreras donde los miembros del Comando Radioléctrico los fusilaron.

Después de asesinar a los tres jóvenes, los represores fueron a dar aviso a la familia de Ana María, aún cuando ella no portaba ninguna identificación ni dirección de su domicilio. Esto demuestra que ella y sus compañeros estaban siendo investigados por la inteligencia policial desde mucho tiempo antes.

Ese mismo día en la edición vespertina del Diario Córdoba se publicó un comunicado del III Cuerpo de Ejército que intentaba, con el título "Abatieron a tres extremistas", instalar la hipótesis de un supuesto enfrentamiento producido cuando los integrantes del Fíat intentaron esquivar un control policial sin que resultara herido ninguno de los miembros de la fuerza de seguridad.

La Policía Federal, el Ejército y la Policía Provincial informaron lo mismo que el comunicado. Posteriormente, los integrantes del Comando Radioeléctrico que intervinieron en este hecho, por su "acto de valentía", obtuvieron una felicitación y cinco días de “licencia estímulo” de parte de sus superiores. Los cuerpos, reconocidos por los familiares, presentaban claras huellas de disparos a quemarropa. Ningún médico realizó una autopsia como corresponde en casos de muertos en la vía pública. El secuestro fue realizado por la mañana, frente a numerosos testigos.

Se trató, en definitiva, de un “Operativo Ventilador” de características similares a los fusilamientos de Presos Políticos, probados y juzgados en el Juicio UP1 (Causa Videla)



El 14 de Febrero de 2012 comenzó el juicio por los asesinatos de Ana María Villanueva, Jorge Diez y Carlos Oliva. El único Querellante de la Causa es Ángel "Tito" Villanueva (hermano de Ana). Los Acusados son: Pedro Nolasco Bustos, José Filiberto Olivieri, Jorge Vicente Worona y Luciano Benjamín Menendez (impune por problemas de salud).


Fuentes:http://www.eldiariodeljuicio.com.ar/?q=lacausa/36%2B19/579

INICIÓ EL CUARTO JUICIO CONTRA DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN CÓRDOBA.

Por Agustín Apud
Martes 14 de Febrero de 2012. Un día más para la señora que tomó el colectivo en la Av. Gral. Paz rumbo a su trabajo en barrio Jardín, al sureste de la ciudad. Un martes que daba sus primeros minutos de cotidianeidad.

Casi rutinario, pues aquella señora seguro se sorprendería al ver que el recorrido del colectivo esta vez no incluía la vista del Parque del Bicentenario con sus 200 aros de colores. En la intersección de Plaza España con Av. Hipólito Yrigoyen un vallado de color amarillo, colocado por la policía de Córdoba, señalaba un desvío en el circuito.

Metros más atrás, una cuadra para ser mas especifico, envueltos en otro vallado (del mismo color) se comenzaban a amontonar algunos individuos vestidos con botas negras, pantalones azul oscuro, camisa celeste y sobre ella un chaleco en el cual se podía leer en letra mayúscula "POLICÍA DE CÓRDOBA". Fuera de ese vallado, empezaban a llegar algunas viejas. No la señora del bondi, sino que de las viejas con historias. Historias tan claras y puras como ese pañuelo que usan en su cabeza. Si, esas viejas, que por tener ese apodo la historia camina a su par, viejas de casi  35 años de luchas ya. Pero claro, ellas no estaban en ese vallado, estaban en la calle donde siempre suceden las cosas. En la calle.



Esa esquina, de Crisol e Hipólito Yrigoyen poco a poco se poblaba de señores y señoras con su cabeza blanca, algunas por sus pañuelos, otros simplemente los años. Hasta allí, alguno que pasase diría: "pobres viejos, seguro que esta yegua de la presidenta les volvió a sacar la plata de la jubilación". Pero no, el reclamo esta vez era otro. Esta vez, como hace tantos años lo vienen haciendo, pedían justicia. Nuevamente JUSTICIA.

Corrían pasadas las 9:00 de la mañana, diría que llegando a las 9:30, cuando desde las inmediaciones de la Ciudad Universitaria de Córdoba se comenzaban a escuchar voces con un timbre que se despegaba en años de aquellos viejos que esperaban en la esquina. Voces que coreaban al unísono "Como a los Nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar", " ya vas a ver, las balas que nos tiraste van a volver". Quien se asomaba a mirar, sobre Valparaiso - continuación de Yrigoyen -, pasando el puente, se comenzaba a ver una gran bandera blanca con inscripciones en rojo, mas atrás una negra y en las manos de quienes marchaban carteles con la imagen de una mujer. La bandera blanca llevaba por inscripción H.I.J.O.S - regional Córdoba - la negra, Comisión de DD.HH del Centro de Los Estudiantes de Ciencias de la Información y los carteles, la cara de Ana María Villanueva, "Anita".
Esa esquina se llenaba de color. Ya no había dudas, no era un martes común. No era un reclamos de los jubilados y ni siquiera era una marcha más. Era un martes donde los años de construcción colectiva de la memoria y el esclarecimiento de la verdad se encontraban en esa esquina para acompañar la tan esperada justicia.
¿Esperada por quién? Por todos. Por los 30000 que ya no están, por las familias de aquellos compañeros desaparecidos y asesinados en la ultima dictadura militar y por nosotros, los que estamos y estaremos.
A aquella esquina donde poco a poco arribaban mas y mas personas y donde flameaban banderas de distintas organizaciones se la lleno de acordes. El conjunto coral de la Asociación de Ex Presos Políticos de Córdoba comenzó a entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino. En el público algunas manos iban a parar al corazón, otras oprimían su puño y lo levantaban tan alto como podían y muchas otras elevaban sus dedos en "V", al cielo, como buscando ese guiño del compañero que ya no está. Quizás de Anita, Jorge o Carlos quienes por militar en la Juventud Universitaria Peronista fueron una víctima mas del terrorismo de estado que operaba en los años 70. Pero hoy, el presente es otro, el presente se envuelve en las banderas de la Memoria, Verdad y Justicia y esa mañana los tres compañeros que estaban allí junto a todos en la calle, comenzaban a recibir la suya. Fuera del Tribunal Oral y Federal N° II, que ocupa esa esquina tan nombrada, todo era alegría Al ritmo de la radio abierta montada por la mencionada Comisión de DDHH del Centro de Los Estudiantes en conjunto con Radio Revés transcurrían los minutos, las canciones y los actores que copaban la escena. No faltaron los flashes y la interminable cola de periodistas con el deseo de llevarse la primicia en la medida que la mañana llegaba a su fin. Dentro del edificio, el tribunal presidido por el Dr. Carlos Julio Lascano daba comienzo a la sesión. Así comenzaba el tan esperado Juicio.

lunes, 20 de febrero de 2012

¡ FELIZ CUMPLEAÑOS "CHACO" !

"Chaco", así lo apodaban sus compañeros a Carlos Delfín Oliva. Un estudiante de medicina en la Universidad Nacional de Córdoba y militante de la Juventud Universitaria Peronista.

El Chaco, fue una de las tantas víctimas de la última dictadura militar argentina. Con tan sólo 20 años, le quitaron su vida, engrosando la larga lista de desaparecidos y asesinados que provocó la aplicación de un plan sistemáticamente estructurado.

Hoy, luego de 36 años ha comenzado el juicio que investiga el asesinato de "Chaco", "Quela" (Ana María Villanueva) y "Panza" (Jorge Manuel Diez). Tres jóvenes estudiantes de la UNC y militantes de la JUP asesinados el 2 de junio de 76 por el Comando Radioeléctrico de la Policía de Córdoba.

El miércoles 22 de febrero, Carlos cumpliría 56 años. Recordamos tu natalicio y homenajeamos tu lucha. Esa lucha que nos parió.

Te imaginamos brindando con Perón y los 30.000 compañeros.
Brindamos contigo sabiendo que la Memoria y la Verdad, van acompañadas de Justicia.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS COMPAÑERO OLIVA!